LA BANDIDA SI EXSISTIO (Parte II)
(JUNE.29, 2007 ) LA BANDIDA SI EXISTIO.
Continuacion..
Contra lo que muchos afirman, la Olmos no nació en 1896, sino en 1895 y tampoco es originaria de Irapuato o de León, Guanajuato, sino del municipio de Casas Grandes, Chihuahua, concretamente de la hacienda de La Buenaventura, donde su padre era caporal y gozaba de ciertos privilegios por parte del patrón.
“Sin embargo, desde muy niña, Graciela sintió en carne propia el mordisco de la injusticia. Era la sirvienta exclusiva de las hijas del patrón, un hombre amargado que quedó viudo muy joven luego de procrear con su mujer dos hijas que eran el azote de la hacienda.
“Graciela tenía que sacar muchos baldes de agua de una noria para regar las plantas, darle de comer a los animales y limpiar el enorme caserón de la hacienda, e inclusive llegó a sentir los fuetazos del patrón por no terminar a tiempo las tareas que se le habían encomendado”, relata Estrella.
-¿Por qué el sobrenombre de La Bandida?
-En la primera década del siglo XX, Francisco Villa, el original; Chuy Trujillo, Doroteo Arango, que adoptaría el nombre y apellido de Villa a la muerte de éste, y José Hernández, antiguo maestro apodado El Bandido, comenzaron a asaltar haciendas para luego quitarse la etiqueta de gavilleros y ponerse la de revolucionarios.

“Los hacendados comenzaron entonces a contratar gatilleros para defender sus propiedades. El patrón de La Buenaventura ajustó a más de 60 pistoleros a sueldo, que sumados a los que tenía de planta hacían un contingente de más de cien hombres. Hasta allí llegaron los revolucionarios mencionados y arrasaron con todo y con todos, asesinando su gente al patrón, a sus hijas, a una tía de éstas y a muchos trabajadores de la hacienda, incluidos los padres de Graciela, quien tuvo que huir en compañía de Benjamín, su único hermano.
“Por azares de la vida, años más tarde, cuando ella, de 18, está en un internado de monjas, en Irapuato, vuelve a encontrarse con El Bandido. Las circunstancias de tan increíble rencuentro están en el libro. El caso es que Graciela acaba casándose con él, adquiriendo el apodo y las obligaciones de toda soldadera. Posteriormente El Chato Guerra la promovería en el medio artístico como La Bandida.”
Heroínas de carne y hueso
Estrella Newman añade que “huyendo de la tragedia que habían vivido en Chihuahua los hermanos Olmos, Graciela y Benjamín, quien andando el tiempo se haría sacerdote, lograron llegar a la ciudad de México en 1907, donde entre otros oficios vendían periódicos y dormían en los pórticos de las iglesias”, refiere con fruición la maestra, que a lo largo de 15 años de charlas y confidencias pudo recabar de La Bandida los pormenores de su extraordinaria vida, que serán conocidos en un libro de inminente aparición, imaginativamente ilustrado.
“Una pareja porfiriana -prosigue Newman- la recoge, la adopta y la manda a aprender a leer y a escribir en el colegio de Las Vizcaínas. Pero con la caída de Porfirio Díaz la pareja se va a vivir a España y envía a Graciela a un internado de monjas en Irapuato, donde en vez de alumna acaba como sirvienta, pues los padres adoptivos dejaron de mandar dinero para su educación.
“Allí ocurre el increíble rencuentro y matrimonio religioso, como condición para dejar el internado, con José Hernández, El Bandido, y a su lado inicia su etapa como soldadera, en la que nutrirá su existencia y su inspiración al conocer y convivir con futuras leyendas de carne y hueso, como Petra Herrera -autora del corrido Carabina 30-30-, Juana Gallo, La Sol, La Valentina, Marieta y Adelita, esta última una joven de buena familia de Ciudad Juárez que por su dedicación alcanzó el grado de coronela de la Cruz Blanca, que atendía heridos de ambos bandos.
“Así que la fecunda inspiración de Graciela Olmos como compositora de corridos -continúa Estrella- no es urbana ni de oídas, sino que brota de la vida vivida en el frente de batalla como miembro de las fuerzas villistas. Fue una auténtica juglar de la época revolucionaria que además, ya en la ciudad de México, retrató en nuevos corridos, ahora citadinos, a infinidad de personajes, antiguos conocidos o políticos nuevos que desfilaron por sus casas, pues conforme crecía la ciudad o cambiaban los funcionarios, ella tenía que reubicar la suya.
“Por eso, junto a corridos tan buenos como Siete leguas, Benito Canales, el de Durango, o Benjamín Argumedo, hay boleros de la calidad de La enramada, que han grabado tantos tríos y solistas, y La diosa del mar, mejor conocida como La carabela, éxito póstumo de Javier Solís. Las letras de varias composiciones a políticos, militares, empresarios y demás, aparecen en mi libro, y junto va la música, para que los lectores puedan cantar y divertirse con esos corridos, que en aquel entonces no se podían cantar en público sino en un salón privado. A los aludidos podían gustarles o no, pero nadie chistaba. A Ruiz Cortines, recién llegado a la Presidencia, le compuso uno que decía entre otros versos:
La Bandida ya no puede
con la ley de la mordaza,
va a empezar a abrir la boca
y a ver qué cabrones pasa…
Líderes y gobernantes
todititos son igual,
el pueblo se muere de hambre
y ellos usan Cadillac…
“Chela me contó que La Adelita es de la inspiración de Juan del Río, un seminarista con grado de sargento que se enamoró perdidamente de la soldadera, a la que acompañaba como su sombra y le compuso el famoso y bello corrido con un organillo de boca. Fueron de tal calidad y por tantos años los servicios prestados en el frente por Adela Velarde, que así se apellidaba Adelita, que Venustiano Carranza la condecoró con la Medalla al Valor y le otorgó el grado de coronela del Ejército Constitucionalista. Fueron amigas toda la vida, Chela en sus casas y Adelita trabajando 30 años en el Archivo General de la Nación. La última vez que se vieron fue en un banquete que les ofreció el gobernador de Hidalgo, Quintín Rueda Villagrán, en Real del Monte.”
CONTINUARA…
(En 1900 nace Adela Velarde (1900-1971), destacada activista de la Revolución Mexicana.
Desafiando a su padre, un adinerado comerciante de Juárez, se incorpora a la Asociación Mexicana de la Cruz Blanca para desempeñarse como enfermera.
Fue conocida por su eficiencia y destreza en la atención de los heridos, convirtiéndose en una figura muy popular entre las tropas.
El compositor Antonio del Río le dedicó el popular corrido La Adelita).
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